sin titulo
El perro de estación
conoce el hambre eterna.
Las voces de las tripas,
el vacío de las noches.
El hall central es su castillo,
su reino la plataforma.
Combate orugas gigantes,
las de entrañas mas ruidosas.
Inmensas criaturas de lata
con tantas bocas como estómagos;
que engullen, voraces,
para mas tarde vomitar,
sin nunca digerir.
Es testigo del sueño de los trenes,
de la pausa de las vías.
De las confidencias del guarda,
del hastío del policía.
Son millones su dueño,
el amo es anónimo.
Aquel que de tantos rostros,
no conserva ninguno.
Del que a veces esquiva, hábil,
sus patadas.
Y a veces recibe, dócil,
sus caricias.
pobre espiritu el de la casa
su presencia se manifestaba a través de tristes interpretaciones de nuestros ruidos mas cotidianos; los pasos sobre lo tablones del suelo, las puertas golpeándose y el sorber de las sopas.
tambien sabia aullar como un niño pequeño,y hasta alcanzó una o dos veces la materialización suficiente como para ser visto al pasar, de reojo; o ser un mero reflejo confuso en un vidrio de fondo obscuro.
su presencia se manifestaba a través de tristes interpretaciones de nuestros ruidos mas cotidianos; los pasos sobre lo tablones del suelo, las puertas golpeándose y el sorber de las sopas.
tambien sabia aullar como un niño pequeño,y hasta alcanzó una o dos veces la materialización suficiente como para ser visto al pasar, de reojo; o ser un mero reflejo confuso en un vidrio de fondo obscuro.
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